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viernes, 18 de noviembre de 2011

Ignacio Luzán y su poética


2.1.  Vida y obra:

Nace en la España de cambio de dinastía, en Zaragoza. Se quedó huérfano a los cuatro años y se encargó de él una abuela que lo lleva a vivir a Barcelona. A los trece años de edad muere su abuela y se va a vivir con su tío, que se lo lleva a vivir a Mallorca y después a Italia, donde estudia Derecho. Lee a los clásicos latinos y griegos, perfecciona su italiano y estudia alemán. Se relaciona con la élite cultural.

Regresa a España en 1733, donde se hace cargo de negocios familiares y se retira a un pueblo de Huesca, donde se dedica a la composición de su obra. En 1737 se casa y publica su Poética. Uno de sus hijos publicará una obra sobre su padre y promocionará la segunda edición, ya muerto su padre, de la Poética.
Traduce comedias y poemas de Ovidio, y escribe  dos textos: Discurso apologético de D. Iñigo de Lamuza”, que es una respuesta a la recensión elogiosa de la revista “Los literatos” sobre su Poética en 1741.

Racionalismo / Irracionalidad


1.3.  Racionalismo y normatividad/ Irracionalidad y emoción.

El XVIII asumirá la emoción y la sensibilidad como preceptos estéticos. Para ellos son componentes del arte. Admiten el concepto de “gusto”, pero no como algo individual, sino como un instinto resultante del hábito mental condicionado por la práctica de las reglas, no como algo subjetivo, como ocurre en el Romanticismo. Todo eso se ve influido por el filósofo David Hume. Hume distingue entre gusto y opinión personal, por lo que para que un dictamen estético individual sea merecedor de tenerse en cuenta debe cumplir que:
a)     El individuo posea una delicadeza o un mínimo de sensibilidad para percibir la estética.
b)    Que pueda liberarse de todo prejuicio que pueda perturbar su juicio.
c)     Que posea experiencia en el trato del arte.

Cuando esto se cumpla, el valor subjetivo tendrá cabida, y será el buen gusto. El resto serán opiniones sin valor.
Esta dualidad entre reglas y gusto es el síntoma claro de que la estética es mucho más compleja de lo que parece. Para entender esta estética hay que saber qué es lo bello y qué lo sublime.

La estética neoclásica


1.2.  La estética neoclásica

La estética ilustrada se basa en tres puntos:

a)     Radicalismo: Ellos creían que sus principios estéticos se basaban en la tradición clásica, en la razón y en las exigencias del público. Para ellos estos tres ejes eran fijos e inamovibles. Contrasta con la idea de hombres abiertos e ilustrados. Para ellos esta estética era universal, y por tanto no se puede admitir otra estética válida. Para ellos esta literatura era la única aceptable porque de lo justo, lo bello y lo razonable surgiría esta literatura que brillaría como un sol universal que dejaría de ser patrimonio de una élite para ser patrimonio universal. Desprecian a los que se apartan de sus dogmas.

b)    Generalización de los ideales ilustrados: Creían que tenían la misión de conformar un nuevo tipo de ciudadano (en el concepto de súbdito) más cívico y más feliz. Esa reforma exigía la creación de nuevas normas y elementos educativos y persuasivos. Por eso se centran en el principio de “instruir deleitando”, de modo que la literatura y el arte debían de ser propagandas involuntarias de este ideal. El teatro será el medio de generalización de esta difusión del mensaje ilustrado. El arte debe ser difusor de este mensaje. El espectador o lector, por tanto y sin esfuerzo, debe interiorizar el mensaje. El arte y la literatura se vuelve para los dieciochescos “una cuestión de Estado”, de modo que se legislará la literatura y el teatro.

Naturaleza y límites de la Ilustración española



1.     LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA, INTRODUCCIÓN GENERAL

1.1.  Naturaleza y límites de la Ilustración española.

Los coetáneos del XVIII eran conscientes de la nueva época en la que vivían: el nacimiento de la modernidad. Les faltó, en cambió, una visión más completa. Cayeron en la ingenuidad creyendo que llegarían a una especie de paraíso que al no ser alcanzado, causó frustración.

La datación es muy ambigua, como todas las épocas. No podemos decir que el XVIII es íntegramente neoclasicista y que sus autores no sobrepasan ese siglo, así como tampoco que los románticos nacen en el XIX. La iniciación de los procesos literarios es meramente formal y teórica. Si nos  tenemos que decantar por una fecha de iniciación esa será la del 1746-1759 (reinado de Felipe V, el primer Borbón)

En este siglo se da el nacimiento de las Academias, tomadas al modelo francés, que fueron muy criticadas en su labor porque no se veían sus frutos.
No es hasta la mitad de este siglo, por tanto, que no inicia, y podemos decir que no es hasta mediados del XIX que no desaparece, pues, por ejemplo, Moratín publica su obra en el XIX y es un autor ilustrado.